El periodo perinatal comprende desde el momento del nacimiento hasta dos semanas después del parto. En este periodo, sobre todo durante el parto, puede producirse lo que se conoce como asfixia perinatal, que consiste en una falta de oxígeno (hipoxia) o una falta de perfusión o flujo sanguíneo cerebral adecuado (isquemia), produciendo una agresión al feto o al recién nacido.

La hipoxia es la causa más común de daño cerebral en el feto y en el recién nacido. Puede tener diversos niveles de gravedad, desde una hipoxia leve sin consecuencias neurológicas o con leve disfunción cerebral, a moderada con daño cerebral local, o grave que produce lesión por necrosis o muerte cerebral. La incidencia es de 1,5-10/100 recién nacidos vivos en los países desarrollados y se producen:

  • el 20% antes del trabajo de parto
  • el 70% durante el parto
  • el 10% durante el periodo neonatal

En el recién nacido a término, las áreas cerebrales más sensibles a la anoxia son la corteza cerebral, la sustancia blanca subcortical y los núcleos grises centrales, usualmente, se observa afectación simétrica del tálamo y del putámen.

FACTORES DE RIESGO

Existen numerosos factores que conllevan riesgo de anoxia perinatal, estas situaciones se han relacionado con patologías maternas, gestacionales o fetales propiamente dichas:

MATERNAS
– Enfermedades generales maternas.
– Factores en relación al embarazo y parto (eclampsia, anomalías canal del parto, analgesia-anestesia, medicaciones…)

PLACENTARIAS
– Insuficiencia, desprendimiento, hematomas…..
– Nudos, rotura, prolapso…

FETALES
– Malformaciones congénitas.
– Anemia. Infecciones.

NEONATALES
– Prematuridad, alteraciones pulmonares, obstrucción vía aérea.
– Alteración SNC (medicaciones, malformaciones…)
– Alteraciones músculoesqueleticas.
– Cardiológicas.

Después del nacimiento, la anoxia puede ser el resultado de hemorragias, exposición a tóxicos, insuficiencia respiratoria, cardiopatías, trauma craneal, etc.

CONSECUENCIAS NEUROLÓGICAS

El síndrome neurológico consecuencia de la asfixia perinatal se denomina encefalopatía hipoxico-isquémica (EHI) y puede presentar diversos grados de severidad, dependiendo del grado de hipoxia y de la duración de ésta. No hay datos sobre cuál es el período mínimo de duración del periodo hipóxico para que produzca EHI. Se caracteriza por el deterioro de la alerta, alteraciones del tono muscular y respuestas motoras, alteraciones en los reflejos y la presencia de convulsiones.

En cuadros leves no siempre aparecen déficit neuropsicológicos importantes y la cognición resulta poco alterada, aunque algunos niños pueden presentar problemas psicomotores, dificultades del aprendizaje o del lenguaje. En EHI moderadas, pueden resultar afectados diversos procesos como la atención, memoria, lenguaje, lectura o escritura y la manifestación no es siempre inmediata, sino que los trastornos aparecen a lo largo del desarrollo. En las EHI severas existe una gran mortalidad, y los niños que sobreviven, siempre presentan alteraciones neuropsicológicas y motoras graves, que muchas veces reciben el diagnóstico de Parálisis cerebral (Portellano, 2007).

Tras una lesión hipóxico-isquémica es necesario realizar una evaluación neuropsicológica para determinar el alcance de las alteraciones producidas. Esta evaluación va a servir de guía para realizar una intervención terapéutica multidisciplinar ajustada a las necesidades específicas del niño, y también ayuda a determinar el pronóstico. Así mismo, al tratarse de un cerebro en desarrollo, evaluaciones neuropsicológicas periódicas pueden determinar la aparición de nuevos déficits o el nivel de recuperación alcanzado. El pronóstico neurológico es difícil de precisar y solamente el seguimiento a largo plazo permite asegurar la normalidad o anormalidad neurológica o neuropsicológica.
El Servicio de Neurorehabilitación Pediátrico de Hospitales Nisa ofrece tratamientos especializados que permiten minimizar las consecuencias negativas de las lesiones producidas, contribuir al desarrollo de las habilidades del niño, prevenir y evitar complicaciones a largo plazo, informar y asesorar a padres y educadores y estimular todas las capacidades del niño para que pueda alcanzar su máximo potencial de desarrollo.

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