La autoestima es un término complejo, prueba de ello son las cantidad de definiciones que encontramos en la literatura. El concepto “autoesima” hace referencia a la capacidad que tiene una persona para valorarse, respetarse y aceptarse a sí misma. Es una parte clave de nuestra personalidad y está relacionada con la imagen y el concepto que tenemos de nosotros mismos.

La autoestima es un concepto dinámico, vivo, en continuo movimiento y crecimiento a lo largo de la vida. Tiene que ver con la valía y la confianza que uno mismo le confiere a su ser y a sus posibilidades para hacer frente a las situaciones (positivas y negativas) que nos ofrece la vida. Es la capacidad de contemplarnos con respeto y dignidad. Se configura a partir de dos elementos: rasgos propios o factores internos (ideas, creencias…) y factores externos (mensajes transmitidos por la sociedad, las experiencias vividas…), de ahí la importancia de la relación con las personas de nuestro alrededor, especialmente en los primeros años de vida.

La autoestima influye en la forma en que nos relacionamos con los demás y en nuestra forma de “funcionar” y condiciona los distintos ámbitos de nuestra vida (relaciones personales, trabajo,…). Una autoestima “saludable” contribuye notablemente a nuestro bienestar. Una autoestima “alta” alimenta el espíritu de superación, persigue el cambio, los retos y desafios en busca de alcanzar nuevas metas y nos da herramientas para hacer frente a las situaciones difíciles con las que nos encontramos en nuestro día a dia. Sin embargo, una “baja” autoestima se refugia en el conformismo y en la búsqueda de la seguridad de lo conocido.

Autoestima y discapacidad

La autoestima parte del conocimiento de uno mismo, de nuestras habilidades, de nuestras cualidades, de todo aquello que nos hace ser quién somos… Y de la aceptación y el reconocimiento de todas las partes de uno mismo. En las personas con discapacidad, lograr una autoestima saludable implica la aceptación de la discapacidad, el reconocimiento de los aspectos positivos y negativos de uno mismo y el respeto a todo a ello. El reconocimiento de la discapacidad suele despertar sentimientos de tristeza, rabia e inferioridad ya que se percibe como una desventaja respecto a los demás. De esa aceptación debe surgir una inquietud por seguir avanzando, un impulso para el desarrollo de las propias capacidades y habilidades. En las personas con discapacidad tiene una especial importancia la visión social que generan en los demás. Es por ello que el desarrollo de ese autorespeto y aceptación de uno mismo comienza a menudo por la aceptación de la discapacidad por parte de nuestro entorno, por nuestros familiares, amigos y allegados.

Sufrir una lesión cerebral supone un acontecimiento traumático para el que nunca se está preparado. En un hecho repentino e inesperado que sobrecoge a la persona afectada, pero también a su familia y amigos. En los primeros momentos, la prioridad siempre es alcanzar una estabilidad clínica, que el afectado “salve” su vida. Pero conforme avanzan los días y la amenaza vital inicial se desvanece uno va tomando conciencia de esta nueva realidad: el daño cerebral, sus consecuencias y la consecuente discapacidad. La pérdida de funcionalidad e independencia que suele acompañar a las lesiones cerebrales genera en el afectado y también en su entorno más próximo, sentimientos negativos (rabia, frustración, tristeza…) así como dificultades para aceptar y reconocer la discapacidad a la que se enfrenta.

En la etapa inicial todos (familiares, amigos y profesionales) tendemos a sobreproteger al afectado (“ya lo hago yo por tí, después de lo que has pasado…”), incapacitándolo y no dejando que desarrolle sus capacidades, con “la mejor de nuestras intenciones”. Esta situación sostenida en el tiempo hace que la sensación de “incapacidad” e “inutilidad” se perpetúe y su autoestima disminuya.

Nuestra labor como profesionales, familiares y amigos consiste en ayudar al paciente al reconocimiento de sus dificultades, pero también de sus capacidades, de su potencial y de sus avances. De esta “visión ajustada” de las capacidades y limitaciones debe surgir la motivación e implicación necesaria para hacer frente a esta situación. Debemos fomentar su autonomía, potenciar su independencia, dejarle hacer todo aquello que entra dentro de sus posibilidades, reforzar sus logros, animarlo antes las dificultades, alentar su espiritu de superación, dignificar su situación …Todo ello ayudará a que el afectado alcance una “autoestima saludable” que lo motive e incentive en el proceso de recuperación.

“No estoy diciendo que sea fácil, estoy diciendo que valdrá la pena”

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Bibliografía:

– C. Barrachina (2011). “La autoestima de una mujer independiente muy dependiente”

2 Comentarios

  • ¡¡¡¡¡ ….. Y TANTO …. QUE VALE LA PENA … !!!!!! Y HASTA A VECES SIENTO QUE ME PASO EN ` POSITIVIDADES ´ …. , NO SE SI ESTÁ BIEN , PERO YO LE AGRADEZCO A LA VIDA POR METERME ENTRE VOSOTROS !!!!!!!!

  • María Angélica Aramburu de Richardi dice:

    COMPARTO EL SENTIMIENTO DE MI HIJO OSCAR Y ADHIERO LO DE AGRADECER A LA VIDA POR ESTA VALIOSÍSIMA OPORTUNIDAD DE DISFRUTAR DE TODO LO QUE ESE QUERIDO CENTRO DE ELCHE PROMUEVE EN ÉL … ELEVANDO SU AUTOESTIMA Y TANTO!!!!!! SALUDO CON INMENSO CARIÑO A TODOS Y A CADA UNO DE QUIENES COMPARTEN ALLÍ SU DÍA A DÍA.

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