Imaginar y recordar. El papel de la creatividad para recuperar la memoria

Imaginación

memoria y creatividad en pacientes con daño cerebral

La memoria se compara en ocasiones, con un inmenso almacén donde guardamos gran cantidad de información, sobre acontecimientos vividos, emociones experimentadas, referencias de todo tipo, fechas, nombres, olores , gustos , y un sinfín de datos, algunos almacenados de forma consciente (cognición) y otros , de forma inconsciente (emoción).

Así es, la emoción es un canal potente que ayuda a la información a recorrer y desarrollar los procesos mnésicos, es decir, desde la percepción referencial , pasando por el procesamiento y análisis, hasta la recuperación o evocación de la misma.

Por tanto, cuando la información es significativa para el sujeto, cuando es subjetiva, se recordará mejor (la ropa llevada en una cita especial ), y también si la información impacta al sujeto tanto de forma positiva, como negativa, ayudará a que el recuerdo permanezca ( la comida preparada mientras se escucha la noticia de un grave accidente ), así pues, cuando se pretende recordar las cosas, es necesario hacer subjetivo lo objetivo, dar a la información la significación personal que ayude a grabarla para después, poder recuperarla.

Se trata tal vez, de desarrollar una faceta intelectual, que a veces tenemos algo olvidada, o creemos que hace referencia al mundo artístico, y nada más lejos de la realidad, la creatividad también juega un papel importantísimo en los procesos cognitivos y en particular en la memoria.

Crear en mi mente, imaginar y visualizar relaciones, asociaciones o enlaces  entre conceptos cualesquiera, otorgarán a la información esa significación (propia) necesaria para recordarla después. Cuando los datos ya poseen cierta conexión, relación lógica o secuencial, sólo será necesario el razonamiento y comprensión de la misma , sin embargo cuando los datos son inconexos y puros, se hace imprescindible un trabajo previo basado en relaciones creadas con mayor o menor fuerza y eficacia, según el grado de imaginación que seamos capaces de aplicar y desarrollar.

La creatividad también se aprende, y para ello es fundamental, la existencia de factores clave implicados en el proceso:

-La relajación, el estado mental  en que el sujeto se encuentra  propiciará un mayor y mejor desarrollo de ésta habilidad, sin el cual será casi imposible el trabajo ideatorio efectivo.

-La atención y concentración en ésta tarea, ignorando las informaciones irrelevantes que llegan a la mente, con oportunidad o sin ella, y la alejan del  objetivo, la creación de enlaces eficaces.

-La constancia, el aprendizaje requiere práctica y ésta a su vez proporciona perfeccionamiento que sin duda desembocará en logro.

-La confianza y autoestima, saber que es posible enseñar a la propia mente la práctica de éstos mecanismos, que con esfuerzo y positividad puede aprender a crear.

Ésta, es una breve reflexión acerca del apasionante y aún misterioso mundo de la mente y la memoria, capacidad que sin duda, es posible trabajar y mejorar, para que la persona sea capaz de desenvolverse con mayor seguridad, autonomía y satisfacción en la vida.

En próximos post, explicaremos qué trabajos desarrollamos nosotros con nuestros pacientes de daño cerebral para fomentar su creatividad. Mientras, si quieres consultarnos algo sobre la recuperación de la memoria, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

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Sin Comentarios

  • Carlos Gil Gálvez, MD dice:

    En el cielo encapotado de la vejez-envejecimiento y la demencia tipo Alzheimer, donde su larga sombra esta globalizando al planeta, y el cielo azul de los enfermos y familiares se “oscurece”, se vuelve y volverá neblinoso de forma constante, en el cual se entre mezclan, mitos, pasiones (+/-), prejuicios, ambiciones personales, “facturas” emocionales, nichos de “oportunidades” (+/-), como también actos de desprendimiento humano, amor y “madurez” filial. En este escenario el indicador múltiprocesos
    más confiable es el deterioro progresivo de la salud. La variabilidad individual como expresión de la “carga” genética y de la enfermedad, esta íntimamente asociado al proceso de envejecimiento, también es un “espejo” de los “determinantes” sociales ya sea de grupo o estatus socioeconómico. Las personas de forma colectiva o individual al que pueden pertenecer, muestra condicionantes de vida a lo largo del ciclo vital, lo cual determina dos procesos básicos uno histórico y otro social. En este proceso, la prolongada exposición a ciertos FR, donde interactúan los aspectos culturales o nutricionales, están en permanente cambio, los cuales “intervienen” como determinantes en las “diferentes” formas de envejecimiento, las cuales tendrán una determinada “resonancia” sobre la matriz biológica y molecular en los diferentes estratos sociales. El escenario donde se desarrolla el proceso de la enfermedad, por lo general es el domicilio particular del enfermo o de la familia. El paradigma sociosanitario actual no esta diseñado para dar respuesta a las cambiantes necesidades personales, sanitarias y sociales de este tipo de enfermo, la familia y los cuidadores de esta enfermedad en el medio comunitario.
    En el contexto actual las políticas sanitarias y sociales, están muy lejos de poder responder a esta cambiante y personalizada realidad del enfermo-familia-cuidador. Esta enfermedad es el “disparador” de conflictos, emociones encontradas, ambiente familiar disfuncional, pobreza de ayuda para los cuidados, vivienda inadaptada que facilite la permanencia en el domicilio, falta de supervisión y apoyo profesional especializado, a través de la cual “amortiguar” la sobre-demanda de cuidados, que lleva a claudicar a la familia o cuidador principal. Existiendo una serie factores predictores de institucionalización, como de riesgo de institucionalización, donde unos dependen más del enfermo, y otros están íntimamente relacionados con el cuidador, siendo este último el que más influye en la decisión de institucionalización.
    Así el bienestar de los enfermos, es codependiente del bienestar físico, emocional y la capacidad de resilencia del cuidador principal y la familia.

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