La logopedia es la disciplina que engloba el estudio, prevención, evaluación, diagnóstico y tratamiento de los trastornos de la comunicación humana, manifestados a través de patologías y alteraciones en la voz, el habla, el lenguaje, la audición y las funciones orofaciales, tanto en población infantil como adulta. El logopeda se encuentra con múltiples patologías que pueden ir desde problemas para pronunciar correctamente un fonema, hasta trastornos severos en la capacidad para comunicarse, o problemas alimenticios relacionados con la deglución.

La figura del logopeda en la infancia es fundamental para el desarrollo óptimo del niño a nivel cognitivo, comunicativo, afectivo, social, alimenticio, y en última instancia, funcional. En los primeros meses de vida, el logopeda puede trabajar con niños que presentan:

  • Síndromes genéticos que cursan con hipotonía generalizada (S. de Down, Prader Willi, Síndrome de Willis, Pierre Robin, etc),
  • Parálisis Cerebral Infantil (PCI) que cursa con espasticidad,
  • Malformaciones como labio leporino o paladar hendido,
  • Traumatismo craneoencefálico (TCE).

Estos niños requieren una intervención miofuncional para fortalecer la musculatura orofacial (lengua, labios, mejillas) y mejorar la funcionalidad de dichas estructuras. El término Terapia Miofuncional procede etimológicamente de “terapia” – curación y “mio” –músculo, por lo que la podemos definir como una terapia orientada a la curación de alteraciones relacionadas con la funcionalidad de los músculos. Esta disciplina por tanto se encarga de prevenir, valorar, diagnosticar y corregir las disfunciones orofaciales que pueden interferir, tanto en la producción del habla, como sobre la estructura de los dientes y las relaciones maxilares.

A lo largo del desarrollo, en edades algo más avanzadas, podemos encontrarnos con otros problemas además de los ya citados, más relacionados con la adquisición del lenguaje. El lenguaje es una de las actividades humanas más complejas y elaboradas, necesaria para la comunicación y el conocimiento. Hay niños que presentan retraso en la adquisición del lenguaje (TAL), convirtiéndose en grupo de riesgo para presentar posteriormente trastorno del espectro autista (TEA), trastorno específico del lenguaje (TEL), trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), trastorno del aprendizaje (TA), o discapacidad intelectual (DI). Estos niños precisan intervención y seguimiento para un buen ajuste diagnóstico. Los síntomas aparecen en edad temprana y deben ser diagnosticados antes de los 4-5 años. El trastorno específico del lenguaje (TEL) se caracteriza por un retraso en la adquisición del lenguaje. Cuando aparece, se da con dificultades de inteligibilidad, y si la comprensión está afectada, suele desencadenar cuadros conductuales complejos. El trastorno semántico pragmático se refiere a un trastorno en la comunicación social, a medio camino entre el TEL y el TEA.

Si seguimos avanzando, nos encontramos con problemas del ámbito escolar relacionados con la lecto-escritura, el rendimiento académico y las relaciones sociales. Existe un 76% de niños con antecedentes de TEL que presentan dificultades en la lectura, el 56% obtienen menor rendimiento académico y el 40% dificultades en las relaciones sociales con los compañeros.

En cuanto a los problemas de deglución debemos tener en cuenta dos patologías fundamentalmente, la deglución atípica y la disfagia. La deglución atípica se define como la “presión anterior o lateral de la lengua contra las arcadas dentarias durante la deglución”. La deglución infantil tiene características similares a la deglución atípica. De ahí se deduce que el origen de esta alteración es la falta de maduración de la función de deglución. La disfagia es la dificultad que se produce para llevar el alimento desde la boca al esófago. Estas dificultades pueden presentarse durante el recorrido que el alimento hace atravesando diferentes estructuras anatómicas presentes en el acto deglutorio e implicadas directamente en la realización de una compleja actividad neuromuscular. Un punto significativo a tener en cuenta para el diagnóstico de la disfagia, es que los problemas deglutorios impiden realizar una alimentación eficaz, lo que significa que el niño no consigue los aportes nutritivos ni de hidratación necesarios para mantener un estado de salud óptimo. Existe además un riesgo añadido, la aspiración de alimento a vías respiratorias. Ello ocasiona infecciones graves (neumonías por aspiración) y atragantamientos, que pueden poner en peligro la vida del niño.

Por tanto, el diagnóstico y la rehabilitación de estos déficit relacionados con el habla, el lenguaje, y la deglución es llevado a cabo por el logopeda, aunque frecuentemente trabaja de forma coordinada con otros profesionales como neuropsicólogos, pedagogos, pediatras, neurólogos, otorrinos, etc, si la patología o la intervención así lo requieren.

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