Las funciones ejecutivas son capacidades desconocidas para muchos y  a su vez son las grandes responsables de nuestros actos. Son el conjunto de capacidades cognitivas que permiten el establecimiento de metas, la anticipación, el diseño de planes, el inicio de las actividades, la autorregulación de las tareas, la selección precisa de los comportamientos y las conductas, la flexibilidad mental así como la adecuada organización en el tiempo y en el espacio. Su localización se encuentra en los lóbulos frontales, más específicamente en sus regiones más anteriores, las áreas prefrontales.

La adquisición de dichas capacidades comienza alrededor de los 12 meses de vida, pero el periodo de mayor desarrollo tiene lugar entre los 6 y los 8 años, ya que es cuando los niños, aunque todavía tienen presente cierto descontrol e impulsividad, adquieren la capacidad de autorregular su conducta y su comportamiento, son capaces de ponerse metas, así como de anticipar consecuencias sin una continua instrucción externa. Es alrededor de los 18 años cuando ya se tiene un desarrollo casi completo de estas capacidades, asemejándose a la de los adultos.

¿QUÉ OCURRE CUANDO SE ALTERAN LAS FUNCIONES EJECUTIVAS?

Algunos de los síntomas relacionados con los síndromes prefrontales son:

  • Dificultades atencionales.
  • Alteración de la capacidad de autorregular la conducta.
  • Problemas de organización.
  • Rigidez mental.

Todo ello se traduce en:

  • Problemas de impulsividad, mostrándose incapaces de posponer una respuesta.
  • Dificultades para concentrarse y a su vez la facilidad para distraerse.
  • La falta de iniciativa, así como de planificación y/o programación de tareas.
  • Dificultades para regular el comportamiento.
  • La perseverancia.
  • La incapacidad para reconocer o evaluar las consecuencias de sus decisiones y de sus actos.
  • Problemas para resolver problemas y generar alternativas.

Un claro ejemplo, donde las capacidades ejecutivas no regulan adecuadamente nuestro comportamiento, y que podemos aplicar a nuestro día a día es realizar la compra en un supermercado. Tenemos dos posibilidades:

1) Llegar al supermercado sin una lista de productos; ir por los pasillos sin ningún orden establecido, sin importarnos el orden en que compramos, da igual si primero cogemos los congelados, que el detergente, que pescado…; al no recordar con exactitud que tenía que comprar y no llevarlo anotado en ningún sitio, meto en el carro cosas que son innecesarias y sin embargo otras que me hacían falta, las olvido, me doy cuenta de ello cuando llego a casa, por lo que me toca volver o prescindir de ese producto. Esto supondría invertir un mayor tiempo realizando la compra así como un aumento del gasto.

2) Por el contrario, podemos hacer una buena planificación elaborando previamente y en casa un listado de los productos que necesito; intentar organizarlos por categorías, por ejemplo: Fruta, Verdura, Bebida, Productos de limpieza, Carnes, Pescados, Congelados…. Una vez en el supermercado debo organizar mi recorrido, intentado llenar el carro primero con aquellos productos que no requieren refrigeración (Productos de limpieza, Conservas…), a continuación los productos que si la necesitan (fiambre, carnes, pescado, yogures….) y por último, los congelados. Todo ello contribuiría a realizar una compra en un menor espacio de tiempo, sin gastos innecesarios, más organizada, mantendríamos los productos en mejores condiciones…todo ello gracias a un adecuado funcionamiento de nuestras capacidades ejecutivas.

Al igual que sucede en este ejemplo, podemos extrapolar la utilidad de estas funciones a la mayoría de acontecimientos cotidianos.

Si quieres más información, no dudes en contactar con nosotros.

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