La información visual se transmite de forma jerárquica, tiene funciones separadas y está muy especializada.

Si la visión es de los cinco sentidos el más predominante y a partir del cual conocemos el mundo exterior, será lógico pensar que nuestro cerebro está más vinculado en su procesamiento con la visión que con cualquier otra función.

Sabemos que los lóbulos occipitales son los centros de la visión, pero la extensión del procesamiento visual, va más allá de sus fronteras y de las áreas visuales secundarias, alcanzando múltiples regiones visuales en los lóbulos parietal, temporal y frontal.

La información visual se transmite de forma jerárquica, tiene funciones separadas y está muy especializada, destacando varios niveles de áreas de asociación interconectadas entre sí que integran todo ese flujo de información y nos permiten percibir el mundo como un todo unificado.

Para este cometido contamos con tres vías visuales diferenciadas y específicas que parten del Área Visual Primaria y que nos aportan conocimiento acerca de cómo se organiza la visión en el cerebro.

La organización estructural de la corteza visual es ordenada y precisa, sus células separan la información que viene de la retina mediante estas vías y así procesamos el color, la forma y el movimiento.

La organización estructural de la corteza visual es ordenada y precisa

Como hemos señalado, la información que transcurre por estas vías alcanza los lóbulos parietal, temporal y frontal respectivamente, es decir, más allá de las áreas visuales secundarias, convirtiendo éstas áreas en regiones visuales adicionales cuyas principales funciones podrían ser:

funciones-regiones-visuales

  1. Visión para la Acción: los ojos, la cabeza y todo el cuerpo dirigen movimientos específicos para alcanzar un objeto en particular como una taza o atrapar un balón. Del mismo modo, nos guiarán para esquivar un artefacto. Para ello necesitaremos conocer la localización, trayectoria, velocidad y forma del objeto. Esta función corresponde a las áreas visuales parietales.
  2. Acción para la Visión: prestamos Atención Selectiva en una búsqueda activa a parte del objetivo. Los movimientos oculares nos permiten rastrear los estímulos visuales y centrarnos en características relevantes y distintas. Motivación y Atención contribuyen de forma independiente durante el proceso. Mecanismos de la corteza prefrontal subyacen a la modulación de estas funciones durante los movimientos oculomotores, necesarios para una correcta exploración y desarrollo de actividades en el espacio.
  3. Reconocimiento Visual: nos permite reconocer los objetos con el objetivo de responder a la información visual. Reconocer letras o símbolos y asignarles un significado, o identificar rostros y discriminar e interpretar sus diferentes expresiones. La visión de los colores es fundamental para el análisis de la posición, profundidad, movimiento y estructura de los objetos, incluyendo su reconocimiento. Áreas visuales temporales desarrollan esta función.
  4. Espacio Visual: dirigimos nuestros movimientos hacia los objetos en el espacio y les asignamos un significado. La localización espacial dependerá de si es relativa al individuo, y por lo tanto, codificada por los sistemas relacionados con la visión para la acción, o hace referencia a la que discurre entre los objetos, construyendo un recuerdo de la localización espacial y asociada al reconocimiento visual. Estos aspectos se procesan en regiones parietal y visual temporal, que interactúan e intercambian información.
  5. Atención Visual: de toda la información visual disponible, procesa características realmente importantes. Responde selectivamente a estímulos en lugares y momentos concretos si se va a ejecutar un movimiento determinado. Los lóbulos parietal y temporal están implicados.

Los trastornos visuales que se originan después de una lesión cerebral adquirida repercuten acusadamente en el desarrollo de actividades que dependen de la visión y de otras funciones cognitivas y motoras como pueden ser la lectura, la escritura, el dibujo, la marcha, montar en bicicleta o conducir un coche, al tiempo que originan otras deficiencias asociadas en las Actividades Básicas de la Vida Diaria.

En resumen, las capacidades visuoperceptivas, son esenciales para la correcta integración de la información visual que nos llega de nuestro entorno.

El campo visual, la agudeza, la sensibilidad al contraste, la discriminación del color o la localización visual son funciones a menudo dañadas después de un Daño Cerebral. Estas funciones, van a determinar que podamos realizar otras más complejas de tipo cognitivo visual como por ejemplo, el reconocimiento del mundo exterior, la comprensión de “lo que vemos”, mediante la asociación con otras experiencias visuales y de la memoria visual.

Por todo ello, en el Servicio de Neurorrehabilitación consideramos que mejorar el funcionamiento visual es fundamental para maximizar la autonomía y realización de las personas con daño cerebral. La visión puede mejorar por medio de entrenamiento.

Contacto: centros de daño cerebral
Twitter: @nisa_neurorhb
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1 Comentario

  • Ines dice:

    Excelente artículo ! Gracias!
    Es la secuela de mi pequeña, sumado a la ausencia de lenguaje;
    a veces me siento atada de manos para encontrar profesionales que la ayuden, especialmente ahora que ingresó a Nivel Inicial ó Kinder.
    Cualquier sugerencia será agradecida.
    Saludos desde Argentina.

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