Las reuniones de familiares es una de las funciones que más me gustan del trabajo como profesional del Servicio de Neurorehabilitación.

Personalmente, admiro mucho a cada familia que acude a la reunión, se sienta en el despacho y escucha la evolución de su familiar, y atentamente pregunta, comenta y expresa sus dudas, sus inquietudes…

Es admirable ver cuán valientes son todos los familiares, padres, hijos, parejas, amigos, acompañantes, cuidadores.

Una de las cosas que más me ha permitido aprender de los pacientes son estas reuniones. Detrás de cada uno de ellos, hay una gran historia, un pasado, un presente, a veces difícil, y un futuro bastante incierto. Y, sin embargo, pase lo que pase, ahí están.

Recuerdo una de las reuniones que más me ha impactado en la que una familiar de un paciente me decía: “Yo no conozco a mi marido, desde el accidente es otro hombre. Ahora tengo que enamorarme de un nuevo hombre”. Me dejó helada. Muchas veces me había puesto en el lugar de los familiares que hablaban de estos casos, pero nunca había empatizado tanto como ese día. Y eso me ha permitido ver a las parejas de los pacientes desde otro ángulo.

Hay historias que son maravillosas… Que incluso a veces parecen increíbles. En muchas reuniones siento el miedo que todavía recuerdan muchos familiares: “Sonó el despertador a las 3 de la mañana. Era la policía, diciéndonos que nuestro hijo había tenido un accidente y que la ambulancia se lo llevaba al hospital”. En muchas otras la valentía y la gratitud a la vida, por esta nueva oportunidad: “Lo cierto es que esto es una segunda oportunidad, gracias a Dios”. Es admirable. Tantos sentimientos cruzados, tantas emociones compartidas… La gente me abre su corazón y me comparte su intimidad, y ante tanta generosidad siempre me quedo con un sentimiento muy grato, muy hermoso.

Quiero aprovechar la oportunidad de este blog para expresar mi profunda admiración por todos los familiares de nuestros pacientes, por el simple hecho de serlo. Por cómo se sacrifican en su cuidado, por cómo los admiran, por cómo se implican en el tratamiento y siguen las pautas. Porque siempre están ahí, a cada hora, mañana y tarde para traerlos y recogerlos. Porque a veces los acompañan durante meses de ingreso. Y porque siempre creen en ellos y en nosotros, en el proceso, en la rehabilitación.

A TODAS LAS FAMILIAS, GRACIAS

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