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Cuando una madre acaba de dar a luz, la única y mayor preocupación es que todo haya ido bien y que su hijo no presente ningún problema de salud. Luego vuelves a casa y te pasas horas y horas contemplando a tu bebé, como duerme, como come, sus respuestas… Le observas tanto que es fácil detectar cuando algo no va bien. También es fácil equivocarse. Por eso, es importante consultar al especialista para clarificar las dudas. Ése fue mi caso.

Álvaro tenía apenas 10 días cuando empecé a darme cuenta que siempre giraba la cabecita hacia el lado derecho. Cuando estaba tumbado boca arriba la posición de su cabeza siempre tendía a inclinarse hacia la izquierda y su barbilla hacia la derecha.

Era un niño muy despierto, curioso y era muy fácil llamarle la atención cuando se le presentaban estímulos en su lado derecho. Sin embargo, prácticamente los obviaba cuando éstos eran presentados por el lado contrario. Ante la duda, lo consulté con su pediatra, quién me dijo que era normal, nada alarmante, que le estímulara al lado contrario y que iríamos observándolo. Y, así se hizo. Sin embargo, cuando ya tenía un mes de edad, continuaba presentando esta posición y cada vez era más notoria. Yo conocía la tortícolis congénita y, sabía que, a pesar de no tratarse de nada grave, la detección precoz y la prontitud del abordaje terapeútico eran importantes para impedir que aparecieran otro tipo de complicaciones. No estaba tranquila y en la revisión del primer mes de vida, le trasladé mi preocupación a su pediatra del Centro de Salud, quién solicitó una interconsulta con el especialista pertinente para valorar el caso.

Efectivamente, tortícolis congénita. Empezaba a presentar plagiocefalia postural (aplanamiento de la cabecita) y asimetría facial leve. También los pliegues de los glúteos eran asimétricos, seguramente debido a la tortícolis, pero se debía comprobar mediante una ecografía que no hubiera displasia de cadera. En fin, comenzó todo un protocolo para asegurarnos de que no había ningún problema asociado. Paralelamente, comenzamos la rehabilitación. Como siempre lo había vivido del otro lado, vi la necesidad de llevarle a un profesional al menos dos horas por semana, tal como me recomendaron. En las sesiones yo no estaba presente, excepto los últimos minutos de la sesión, cuando nos daban pautas para trabajar en casa. Y, con el tiempo, entendí que era lo mejor. Hay ejercicios que corresponden al profesional y que es mejor hacerlos en un contexto de rehabilitación.

Las pruebas salieron bien y la rehabilitación dio pronto sus frutos. La evolución había sido tan positiva que, en apenas dos meses, a Álvaro se le dió el alta. A partir de ese momento, una única premisa, observarlo y controlar que no apareciera ningún síntoma a lo largo de su desarrollo psicomotor, al menos durante el primer año de edad. Los profesionales llevarían un seguimiento del caso para tranquilidad de todos.

Muchas personas opinaban que quizá no era necesario reforzar el tratamiento, que de todos modos hubiera mejorado siguiendo únicamente las pautas de rehabilitación. Sin embargo, en mi opinión y, lejos de establecer tiempos, ya que cada niño sigue su propio proceso como consecuencia de muchos factores (gravedad, etc.) o desmerecer a los especialistas, estoy completamente segura que cuanto más intenso y temprano sea el tratamiento, más pronta es la recuperación. En nuestro caso, así fue. Y, a pesar de ser duro al principio, ya que era muy pequeño, en Álvaro no solo no se vio mermado su desarrollo psicomotor sino que, además, fue muy precoz en cuanto a la adquisición de sus habilidades motoras. ¿De no haberle proporcionado esa ayuda hubiera seguido el mismo proceso? ¿Hubiera tenido las mismas posibilidades? Como madre, me alegro de no haberme quedado con la duda.

Mi más sincera enhorabuena a todos aquellos profesionales y amigos que hicieron el camino tan fácil y tan cómodo. Por la paciencia y el cariño mostrados, no solo hacia mi hijo si no también hacia mí.

Y, a todos los que lean este texto y, se encuentren en la misma situación, espero que les ayude a darse cuenta de que hay que restar importancia sin llegar a quitársela. Que es algo que no tiene porqué llegar a ser grave si se trabaja y que, a pesar de ser una situación incómoda, la rehabilitación soluciona el problema. Tiene un principio y un fin, es una cuestión de paciencia y esfuerzo, dos factores importantes a la hora de ser padres.

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