Dificultad para dormir en los pacientes con Daño Cerebral Adquirido

Las alteraciones del sueño son frecuentes en personas con daño cerebral adquirido. El sueño es un signo de buen pronóstico neurológico

Una de las alteraciones comportamentales más frecuentes tras un daño cerebral adquirido es la alteración en el ciclo del sueño-vigilia, especialmente en las primeras fases de la evolución.

Es una de las secuelas más devastadoras para el individuo, ya que influye:

  • a nivel cognitivo: disminuyendo la capacidad atencional y la capacidad de aprendizaje
  • a nivel conductual: provocando un aumento de la sintomatología de alteración de la actividad y la personalidad, y
  • a nivel motor: aumentando la espasticidad, los espasmos y la dificultad de movimiento

Es fundamental y necesario dormir

Durante el sueño disminuye la actividad y el metabolismo cerebral, permitiendo que se recupere de la actividad desarrollada durante el periodo en el que se ha estado “despierto”.

El sueño es además, un signo de buen pronóstico neurológico, ya que marca en algunos pacientes la mejoría neurológica (como en los pacientes en estado de vigilia sin respuesta, o en pacientes en amnesia postraumática), por lo que es una de las entidades que desde el Servicio de Neurorrehabilitación primero examinamos y tratamos.

Mejora la calidad de vida del paciente y de su familia e implica una mejoría evolutiva de la enfermedad y la rehabilitación.

Existen dos fases principales en el sueño: la fase no REM y la fase REM

Las siglas REM vienen del inglés (rapid eye movements, movimientos oculares rápidos). Durante la fase no REM el cerebro presenta una actividad metabólica y de todas las funciones disminuida, siendo la verdadera fase de descanso. En la fase REM, también llamada de “sueño paradójico”, aparece una actividad desincronizada en los registros electroencefalográficos, similar a la que aparece durante la vigilia, aunque no existe respuesta a la estimulación externa. El encargado de controlar ambas fases, y también las de sueño y vigilia es el hipotálamo.

En el daño cerebral adquirido, y en concreto durante las primeras fases evolutivas de la enfermedad, aparece una alteración en el cerebro en cuanto a la producción de las citoquinas, hormonas y neurotransmisores encargados de inducir el sueño, y además el hipotálamo no puede “controlar” a las neuronas encargadas de producir las sustancias que inducen la vigilia y éstas continúan realizando su actividad. Con todo, aparece la alteración.

Es característico también el fenómeno o síndrome “del ocaso” (en inglés “sundowning”, sol abajo), en la que el paciente inicia una agitación progresiva a partir de la tarde-noche (las 17 horas – 18 horas en invierno, y las 19 horas – 20 horas en verano), que se ha descrito en enfermedades neurodegenerativas, pero que afecta de la misma manera a algunos de nuestros pacientes. Consiste en una disminución de las horas de sueño y en un aumento progresivo de la agitación psicomotriz, vagabundeo y en ocasiones la agresividad.

Examinar bien el ritmo del sueño-vigilia en el paciente con daño cerebral adquirido, saber si la alteración es de conciliación o de mantenimiento y desde cuando aparece, va a permitir iniciar un tratamiento adecuado desde el inicio e ir ajustándolo según la evolución.

Tratamiento fundamentalmente farmacológico

El tratamiento es fundamentalmente farmacológico y, el tratamiento establecido por el equipo médico, debe ser estrechamente controlado.

Además, se debe mantener además una serie de medidas “higiénicas”, como son:

  • evitar las sustancias excitantes (café, chocolate, alcohol, azúcar),
  • mantener horarios rutinizados de sueño y
  • procurar un entorno tranquilo

El conocimiento adecuado por parte de los familiares de esta alteración va a permitir que el tratamiento sea exitoso y también la evolución del paciente en su proceso neurorrehabilitador, aumentando su capacidad atencional y todas las funciones cognitivas y disminuyendo la sintomatología de alteración de conducta. A nivel motor va a permitir una disminución de la espasticidad en aquellos casos en los que aparezca, así como una mejora en el equilibrio, la marcha y la movilidad en general.

Actualmente, las recomendaciones en cuanto al sueño según la Organización Mundial de la Salud son de 6 horas diarias, aunque algunos expertos hablan de 7 u 8 horas, y más en caso de situaciones de gasto energético y metabólico determinado.

Los pacientes con daño cerebral adquirido deben dormir, y dormir bien.

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