Medicación para pacientes con Síndrome de Vigilia sin Respuesta y de Mínima Conciencia

Imagen de píldoras que representan el tratamiento farmacológico para pacientes con síndrome de vigilia sin respuesta

Tratamiento farmacológico en pacientes de daño cerebral con alteraciones de la conducta

Casi todas las enfermedades en medicina suelen tratarse con protocolos farmacológicos. Un protocolo se define como “uno o un conjunto de procedimientos destinados a estandarizar un comportamiento humano u sistemático artificial, frente a una situación específica”.

Si le ponemos el apellido de farmacológico, nos hablará del conjunto de fármacos que se utilizan de manera estandarizada frente a una enfermedad. Así, si una persona está enferma aquí en España, o en China, o en América o África, en cualquier parte del mundo, su tratamiento debe ser el mismo, de manera que la curación esté garantizada. La comunidad científica internacional es la encargada de dar el visto bueno a estos protocolos, publicarlos y difundirlos, para que la población mundial se beneficie de ellos. Los médicos y terapeutas debemos mantener la responsabilidad de estar a la última en cuanto a publicaciones y estudios realizados.

Los pacientes con daño cerebral adquirido que presentan un estado neurológico compatible con el Estado de Mínima Conciencia o el Síndrome de Vigilia Sin Respuesta, no tienen un protocolo farmacológico determinado para su tratamiento.

En el Servicio de Daño Cerebral y NeuroRehabilitación de Hospitales NISA somos especialistas en el tratamiento de este tipo de pacientes, con lo cual, desde hace tiempo nos planteamos la propuesta de crear un protocolo farmacológico.

Empezamos una revisión pormenorizada de la literatura científica, y todos aquéllos fármacos que se habían estudiado en pacientes daño cerebral severo y que habían dado algún resultado los incluimos. Teniendo en cuenta el estado de dependencia severo y la poca probabilidad de efectos secundarios perjudiciales, empezamos a elaborarlo, observando cada día a los pacientes y viendo de manera subjetiva y objetiva (con los test de medida), si aparecían nuevas respuestas o no, o incluso qué tipo de efecto aparecía.

En nuestros centros siempre ha sido fundamental la colaboración familiar, ya que son las personas que más tiempo pasan con los pacientes y que primero pueden observar cambios, aunque se trate de cambios sutiles. Empezamos probando el zolpidem, aunque sólo resulta en un 8-10% aproximadamente de los pacientes. Otro fármaco con los que existen más estudios es la amantadina, indicado en un principio para tratar la gripe por virus Influenza A y que, posteriormente, dio buenos resultados en personas afectas de enfermedad de Parkinson.

Una anfetamina, utilizada para niños con déficit de atención con hiperactividad, el metilfedinato, ha entrado también a formar parte de nuestro protocolo, con buenos resultados. Y finalmente los antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina, o mixtos, de serotonina y noradrenalina, también pueden ser una opción.

¿Qué fármaco podría irle bien a mi familiar?

Como hablamos en un post anterior sobre Medicación y Conducta, cada paciente y cada cerebro es un mundo. Hay que probar sin miedo, si no aparece el efecto deseado, se retira, y se sigue probando. Debemos recordar que a veces, no hay ningún fármaco que produza efecto, pero no se pierde nada en intentarlo.

También es importante recordar que el tratamiento medicamentoso es una herramienta más del equipo multidisciplinar, como la estimulación cognitiva, la fisioterapia, etc, no es la única.

Para cualquier consulta no dudes en ponerte en contacto con nosotros, estaremos encantados de poder ayudarte.

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