en el Servicio de Neurorehabilitación de Hospitales Nisa Valencia al Mar, apostando por las personas, por su inmensa capacidad de lucha, esfuerzo y superación

La acción de socorrer, auxiliar o ayudar a otro, parece una acción valiente y noble que otorga reconocimiento a esas personas que así la ejercen, ya sean profesionales como el cuerpo de bomberos, policía, personal sanitario y muchos otros, o personas de a pie que ocasionalmente, intervienen evitando un atraco, socorriendo a algún viandante que ha sufrido una caída, etc.

Parece pues, que ayudar es algo bueno, siempre y cuando sea uno, el ayudador, tal vez eso hace sentir bien, el agradecimiento gusta e incluso para algunas personas puede ser su fuente de motivación y acción en la vida y como decía, hacer de esa emoción su profesión.

Pero…

¿Qué sucede cuando cambian las funciones y dejo de ser el sujeto activo para pasar a ser el sujeto pasivo? ¿Qué sucede cuando dejo de ser ¨el ayudador¨ para pasar a ser ¨el ayudado¨?

Pues que no es fácil, porque desafortunadamente se suele confundir e identificar necesidad con debilidad y debilidad con sufrimiento, tendiendo el hombre, desde sus orígenes, a evitar o huir del sufrimiento.

¿Cómo desvincular esos conceptos? ¿Cómo deshacer esa premisa que catapulta al hombre a la negación de la realidad y a la verdadera infelicidad?

Podría decirse que necesitar a otro es, lo que hace hombre al propio hombre, es su modo de existir y subsistir, siendo la cooperación la base de la comunidad y la vida en sociedad.

Tal vez aceptar ayuda no sea un signo de debilidad sino de inteligencia. Primero para comprender esa realidad y después para acogerla con sosiego y paz, ya que sólo aceptando la realidad puede sentirse y en consecuencia combatir y luchar por aquello que se quiere conseguir, lograr o mejorar.

En esta línea podríamos apoyarnos en las palabras de Laura Cesare, escritora y comunicadora que afirma:

“Pedir ayuda no significa que seamos débiles, indica un avanzado nivel de honestidad”

Así es, el hombre tiene inmensas capacidades para la escucha y empatía, la generosidad y entrega a la hora de ayudar, así como inteligencia y sencillez, honestidad y valentía a la hora de ser ayudado.

Éste es el espíritu desde el que trabajamos en el Servicio de Neurorehabilitación de Hospitales Nisa Valencia al Mar, apostando por las personas, por su inmensa capacidad de lucha, esfuerzo y superación y por el inestimable aprendizaje mutuo que todos realizamos día a día.

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