Más del 50% de pacientes con ictus moderado-grave tienen problemas conductuales en el momento del alta

Estudio longitudinal en pacientes con discapacidades moderadas - graves tras un ictus

Los ictus son causa frecuente de discapacidad en el adulto. En España, el 86% de las personas que sufren alguna discapacidad tras un ictus tiene problemas de movilidad, el 39% dificultades en la comunicación y el 34% dificultades de aprendizaje, entre otras.

Hasta el momento, la mayoría de los estudios centrados en ictus graves han analizado tasas de mortalidad, funcionalidad global o aspectos administrativos como destino al alta o tiempo de tratamiento. Pero, son pocos los que han analizado la carga que los diferentes síntomas asociados tienen sobre el grado de discapacidad y cómo es su evolución o su repuesta a distintos programas de intervención terapéutica.

Por este motivo, hemos querido centrar nuestro último estudio en describir la frecuencia de presentación de problemas cognitivos, conductuales, motores y funcionales en pacientes con una discapacidad moderada-grave tras sufrir un infarto cerebral, con el fin de valorar la evolución de cada uno de estos déficits y su respuesta a un programa de rehabilitación específico.

Con este estudio longitudinal, hemos valorado cuáles son los predictores de mejoría de cada uno de estos déficits y la carga que estos problemas representan sobre la discapacidad final, con el objeto de que nuestros resultados ayuden a comprender mejor la diversidad clínica que presentan los pacientes con ictus moderado-grave y de que, gracias a ellos, se puedan elaborar programas de intervención cada vez más eficaces.

ESTUDIO PUBLICADO EN LA REVISTA DE NEUROLOGÍA

Los resultados del estudio, recientemente publicado en la Revista de Neurología, confirman la alta frecuencia de presentación de problemas conductuales en esta población, superando incluso en porcentaje a los trastornos cognitivos y emocionales.

De hecho, durante el ingreso, en un alto porcentaje de los 396 pacientes analizados, los problemas de conducta ejercían una mayor repercusión sobre la discapacidad que la presencia de ansiedad o síntomas depresivos. Además, presentaban un perfil de evolución negativo, en comparación con la recuperación de otros problemas, como los motores, los cognitivos o los emocionales.

Otro dato importante que evidencia nuestro estudio es que, a diferencia de otros síntomas, fáciles de detectar en una visita de cribado inicial, los problemas conductuales pueden ser más fácilmente detectables una vez establecido un seguimiento a largo plazo del paciente.

En conclusión, nuestro estudio demuestra que existe un patrón heterogéneo en la recuperación de los diferentes déficits resultantes tras un ictus, con una especial persistencia de los problemas de conducta. Este hecho es relevante, dado que, a diferencia de los problemas emocionales, los cuales suelen tener una buena respuesta farmacológica, los conductuales generan un alto grado de sobrecarga al cuidador y pueden ser costosos de tratar, a pesar de programas específicamente diseñados para su tratamiento, como los establecidos por nuestro equipo.

Es relevante observar cómo al final los datos demuestran que la neurorrehabilitacion es eficaz incluso en pacientes que han sufrido un ictus grave.

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